Juan Pablo Raba: llorar frente a un micrófono no te convierte en experto en salud mental

Juan Pablo Raba: llorar frente a un micrófono no te convierte en experto en salud mental

En Colombia parece que basta con tener un pódcast, una lámpara bonita y miles de seguidores para volverse experto en cualquier mondá. Incluso en salud mental.

Soy psicóloga con experiencia clínica, respaldada por una formación universitaria amplia y avalada. También trabajo en comunicación y amo los pódcast. Pero una cosa es abrir conversaciones y otra muy distinta es abordar el sufrimiento psicológico como si cualquier pregunta, cualquier respuesta y cualquier conclusión fueran válidas.

Y aquí entra Juan Pablo Raba.

Claro que los hombres lloran, parce. ¡Por supuesto! Pero llorar frente a una cámara no significa haber elaborado un trauma, ni asentir con cara de sufrimiento convierte una entrevista en un «espacio seguro».

La empatía no es absolución. Comprender no es justificar. Y escuchar sin criterio puede terminar siendo pura alcahuetería.

Mi problema con espacios como Los hombres sí lloran no es que hablen de salud mental. Es cómo abordan los temas y, sobre todo, qué reflexiones están dejando en su audiencia.

Cuando alguien relata conductas violentas, consumo problemático o relaciones destructivas y todo termina entre lágrimas, música triste y un «todos somos humanos», ¿qué estamos aprendiendo?

Porque el espectador también puede concluir: «Si este famoso hizo todo eso y hoy tiene éxito, plata y familia, entonces lo mío tampoco debe ser tan grave».

Eso no es necesariamente generar conciencia. Eso puede ser normalizar comportamientos dañinos con una banda sonora conmovedora.

Y ojo, el problema va mucho más allá de Raba.

En Vos Podés, de Tatiana Franko, la controversia por la exposición de la historia de Lucía Tamayo llegó hasta la Corte Constitucional. En la Sentencia T-241 de 2026, la Corte protegió los derechos a la intimidad y a la propia imagen de una entrevistada por la falta de consentimiento suficientemente informado sobre la difusión de su historia.

Otra invitada, conocida como Mew Secret, denunció públicamente preguntas que consideró revictimizantes al relatar un abuso sexual sufrido en su infancia y habló de una grave crisis psicológica posterior. Es su testimonio, no un diagnóstico ni una relación causal que yo esté estableciendo.

¿Ven por qué no se puede abordar el trauma, el abuso, la violencia o el duelo como si fueran cualquier chisme de sobremesa?

Una mala pregunta puede revictimizar. Una reflexión superficial puede justificar violencia. Una historia sin contexto puede desinformar. Y una entrevista emotiva puede conmover a millones sin enseñarle absolutamente nada útil a nadie.

Tampoco podemos confundir escuchar a un famoso hablando de sus problemas con trabajar nuestra propia salud mental. Y menos reducir la salud mental masculina a llorar: el sufrimiento también puede expresarse mediante rabia, aislamiento, agresividad o consumo problemático.

No todos los psicólogos ejercen clínicamente, ni todos tienen las mismas competencias y experiencia para hacerlo. Pero aquí resulta que cualquiera con un micrófono parece suficientemente preparado para abordar los asuntos más delicados de la condición humana.

No digo que dejen de hablar. Digo que estudien, consulten, contrasten y aprendan a formular preguntas que produzcan reflexiones responsables, no solamente clips virales.

Y tampoco digo que necesitemos ser psicólogos para ayudar. Todo lo contrario.

Precisamente porque sé lo difícil que puede ser acceder a atención psicológica, y porque muchas veces somos familiares, amigos o compañeros quienes primero escuchamos a alguien en crisis, diseñé un Manual de Primeros Auxilios Emocionales y Psicológicos, basado en mi experiencia profesional.

Una herramienta para quienes no son profesionales de la salud mental, pero quieren aprender a escuchar, acompañar, reconocer señales de alerta y actuar con mayor criterio, inteligencia y efectividad, sin improvisar intervenciones clínicas ni poner innecesariamente en riesgo a nadie.

Porque no hay que ser terapeuta para brindar una primera ayuda, pero sí conviene saber qué carajos estamos haciendo.

Y si vamos a democratizar la salud mental, hagámoslo bien.

Mi manual está disponible para quienes quieran adquirir herramientas antes de salir a salvar el mundo a punta de buenas intenciones.

No incluye micrófono, luces de estudio ni música triste. Pero sí algo bastante más útil: criterio.